El adicto tiene que estar dispuesto a internarse

voluntariamente y por 12 meses.

Mi familiar no puede

estar internado un año,

Los 12 meses de internación. 

¿Por qué tanto tiempo?

La “Fazenda de la Esperanza” está entre los programas de rehabilitación que más tiempo exige de internación. Ya lo comprendemos: por tener en cuenta la espiritualidad y esto exige tiempo para adquirir nuevos hábitos según la fe. Pero hay un proceso adentro de este período.

Los 3 primeros meses. Es el tiempo de adaptación. Se tiene que aprender muchos nuevos hábitos: comer todos juntos, rezar juntos, obedecer a los horarios, fijarse en la comunidad. Por otro lado, interiormente el interno tiene que empezar un proceso de cambio de vida, superando el pasado, y rompiendo con un círculo vicioso, a través de pláticas, aconsejamiento, y una vida tranquila. Todavía no puede asumir responsabilidades al interno de la comunidad. La comunicación con los familiares solo por cartas. No si puede verlos. Es tiempo de valorar la familia y rever conductas equivocadas tenidas con ellos. Es tiempo del pedir perdón y dar el perdón. Todo termina con el primero día de convivencia con los familiares.

Los siguientes 3 meses. Es el tiempo de asumir responsabilidades en la comunidad en muchos niveles. Ya se tiene claro que dejar de las drogas es más que no solo consumirlas sino asumir un estilo de vida. Este periodo es el tiempo para asumir un estilo de vida libre de las drogas, con ayuda de la fe. La comunidad pasa a tener un gran valor y se piensa en la comunidad. Para los más interesados en profundizar la espiritualidad, se ofrece un curso de 30 días, donde se abre el horizonte de la fe.

Los últimos 6 meses. Una vez que se recibió ayuda, llega la hora de ayudar. Antes se fue amado y aceptado. Ahora se ama y se sale de si mismo para ayudar a los que llegan. Dar lo que se recibió, y dar de gracia. Hay la posibilidad de coordinar un pequeño grupo de iniciadores. Hay posibilidad para introducir a otros en la espiritualidad. Hasta el término de los 12 meses. También en este período se aprende a superar retos en la vida en comunidad, renunciado a sí mismo en favor de los otros.  En el fin del proceso, cada quién se siente libre de sí mismo, listo para enfrentar el mundo con sus retos.  La madurez se alcanza cuando se comprendió qué se encuentra la libertad olvidándose de sí mismos. Un egoísta no se rehabilitará de sus adicciones. Un altruista sí, podrá volver al convivio social y servir a su comunidad de ciudadanos. La conclusión siempre es muy festiva y se le otorga al vencedor su diploma.

La post-internación. El proceso de cambio de vida tarde toda una vida. Decir que un año cambia la persona es muy peligroso pues llevamos toda la vida, cambiándonos cada día un poco más. Por eso se le ofrece a los que terminan su año un acompañamiento post. Existen grupos en las ciudades de apoyo a las familias y a los ex internos. Es un espacio para nutrirse de la espiritualidad y para compartir éxitos y dificultades mutuamente, ayudándose en esta lucha por la sobriedad. Normalmente las reuniones acontecen semanalmente. Igualmente se les brinda encuentros semestrales para nutrirse espiritualmente y re encontrar las personas que hicieran parte de su proceso de conversión.  A los que presenten problemas de recaídas siempre se les brindará ayuda y cuando necesario, una nueva internación.

Los que terminan el tiempo propuesto de 12 meses son llamados de ES, abreviación de ESPERANZA VIVA.

También la familia necesita tratarse

No se concibe una rehabilitación de un adicto sin involucrar su familia. Sabemos que la adicción afecta y destruya el tejido familiar. Muchos padres se tornan co dependientes y manifiestan casi los mismos síntomas de sus hijos adictos. Por eso la Hacienda, para aceptar el ingreso de un joven, exige igualmente pasos de sus familiares.

Formación y acompañamiento. Los familiares necesitan también ellos de ayuda espiritual. Por eso la hacienda les propone lo mismo propuesto a los hijos: meditar y vivir la Palabra de Vida. Los padres sobre todo tienen que comprender que más allá de los hijos, ellos deben de ellos mismos ser libres, incluso de los propios hijos. Su libertad independe de los hijos.  Para tanto necesitan personarlos y dejarlos libres. Por eso antes del primero encuentro con los hijos, ellos tienen que participar de un encuentro de formación donde se comparte y se profundiza todos estos temas.  Una vez que ya pueden convivir una vez al mes con sus hijos, en esta ocasión también tienen que hacer un momento con los otros familiares para recibir espiritualidad y hablar de sus problemas.

Comprender la adicción. Muchos padres deben de comprender el mecanismo envenenado de la adicción de su hijo. Para ayudarles, muchas veces será necesario también renunciar a muchas costumbres a dentro de la propia familia, como “tomaderas” o el consumo de tabaco. Los padres tienen que comprender que librar a un hijo de la adicción exige lo mismo de toda la familia. Este es el paso más duro: salir de la comodidad para asumir el hijo dependiente.

La espiritualidad en familia. Un año después de internado, el hijo vuelve con nuevas costumbres. Solía rezar y compartir todo en la hacienda. Debe de seguir adelante con todo esto, pues son las herramientas que ahora uno tiene para vivir en sobriedad. Si la familia asume con el todo esto, facilita enormemente el seguimiento de su sobriedad y el alejamiento del mundo de la delincuencia. Las prácticas de la espiritualidad, como oración en familia y la misa son sobre manera importantes. Igualmente la práctica del intercambio.

Involucrar la familia en el proceso. En cuanto terapia, la familia debe involucrarse en todo lo posible, para que su hijo se sienta también asumido por todos. Escribir cartas, motivándole a sacar adelante es fundamental, pues en la lucha contra su propia adicción, el interno necesita apoyo. Igualmente en el aspecto de la venta de los productos, pues valora el trabajo y lo motiva a asumirlo como camino de renovación. Asumir el cambio del hijo es más que pagarle el tratamiento; es asumir el proceso espiritual también.

Hombres

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